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¿Cómo afecta la pandemia a las mujeres y niñas? Un debate necesario

30 de julio de 2020

por Juanita Cuéllar

Diversas instituciones internacionales han llamado la atención sobre el impacto de la pandemia de la Covid-19 sobre las mujeres y las niñas. El seminario virtual “Violencia contra mujeres y niñas y la pandemia COVID-19” trató justamente sobre estos impactos, a partir de un diálogo organizado por la Corte Interamericana de derechos Humanos (Corte IDH), la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM/OEA) y el Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará (MESECVI).

El seminario contó con la participación de Alejandra Mora Mora, Secretaria Ejecutiva de la CIM/OEA; Dubravka Simonovic, Relatora Especial para la Violencia contra las Mujeres, sus causas y consecuencias de las Naciones Unidas; Tatiana Rein Venegas, Presidenta del Comité de Expertas del MESECVI; Lucy Asuagbor, Relatora Especial sobre Derechos de las Mujeres de la Comisión Africana de Derechos Humanos; y Marceline Naudi, Presidenta del Grupo de Expertos de Acciones Contra la Violencia hacia Mujeres y Violencia Doméstica del Consejo de Europa. El panel de expertas fue moderado por la jueza y presidenta de la Corte IDH, Elizabeth Odio Benito.

En las diferentes intervenciones, las panelistas llamaron la atención para el hecho de que la violencia contra las mujeres y niñas era un tema presente desde antes de la pandemia. Sin embargo, mostraron una gran preocupación debido al aumento de esta violencia como resultado de las medidas adoptadas por los Estados para evitar la propagación del virus, especialmente el lockdown, que tiene efectos directos sobre las mujeres. Tatiana Rein mencionó que en la región se constata un aumento de hasta el 32% en la tasa de feminicidios. En este sentido, se hizo un llamado a reflexionar sobre el manejo de la pandemia desde una perspectiva de género, para comprender el impacto diferencial de esta situación sobre la vida de las mujeres y las acciones emprendidas por los Estados para enfrentar la violencia de género.

Una de las conclusiones de este encuentro es que el “quédate en casa” tiene implicaciones diferentes para las mujeres, ya que la casa no necesariamente es un lugar seguro. Puede ser incluso el lugar más peligroso para las mujeres. En el confinamiento se vive una situación que pone en peligro a las mujeres y a las niñas, las cuales enfrentan violencia de género, sexual, psicológica, física, económica e inclusive feminicidios. Sin embargo, esta situación no es sorprendente, ya que era previsible que aumentara la violencia debido a que el confinamiento lleva a que el perpetrador y la víctima se encuentren en el hogar todo el tiempo o casi todo el tiempo, sumado al aumento del estrés por causa de la pandemia.

Las medidas de aislamiento, además, impiden que las mujeres puedan ir a abrigos o refugios, y aunque los pedidos de ayuda han aumentado, esto no necesariamente se traduce en denuncias, debido a las dificultades y a la falta de medios para denunciar. Hay problemas con las líneas de atención gratuita, porque las mujeres tienen miedo de hacer llamadas. Lucy Asuagbor recordó que cuando una mujer denuncia la violencia de género, es porque la situación es tal que no puede soportarla. También recordó que durante la pandemia, la pobreza y pobreza extrema han aumentado, afectando a cientos de mujeres. En África, la mutilación femenina y los matrimonios forzados de niñas son hechos que se exacerban en situaciones de pobreza, por lo que preocupa los efectos económicos de las medidas de confinamiento.

Las diferentes intervenciones de las expertas en el tema permitieron ahondar sobre grupos específicos que están siendo afectados durante la pandemia. Así, se ha constatado la violencia contra las trabajadoras de la salud, que están siendo atacadas en el trayecto a sus casas. De acuerdo con Elizabeth Odio, esta situación es particularmente preocupante, porque el 70% de los trabajadores de salud atendiendo esta pandemia son mujeres, lo que además ha significado un altísimo porcentaje de mujeres infectadas y muertas, con impacto en la vida de sus familias. Las mujeres migrantes también se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad, debido a la imposibilidad de movilizarse, lo que ha llevado a que incluso algunas deban dormir en las calles. De igual forma, preocupa la situación de las trabajadoras domésticas, muchas de las cuales se encuentran en situación casi de servidumbre, ya que en algunos casos se han quedado en las casas de sus empleadores trabajando de manera continua, sin descanso, y a veces sin remuneración.

Como lo mencionó Alejandra Mora, las mujeres son las principales cuidadoras de las familias, por lo que debe considerarse este indicador en los programas de transferencias monetarias. Así mismo, son las que mayor riesgo tienen de contaminarse. Con relación a la salud sexual y reproductiva, en términos generales, las mujeres están enfrentando dificultades para tener acceso a métodos anticonceptivos, a abortos y a partos en condiciones de seguridad. También se constata un aumento de la violencia digital, dado que la vida se ha trasladado a relaciones a través de medios digitales. Además, con el confinamiento, muchas de las actividades académicas se están haciendo online, lo que está afectando la identificación de casos de violencia en las escuelas por parte de los docentes. En la esfera pública se constata un aumento de violencia policial.

El tema de las estadísticas fue también abordado por las diferentes panelistas. En términos generales, existen dificultades en el acceso a datos que permitan comprender cómo las mujeres están sufriendo esta pandemia. Marceline Naudi mencionó que aunque se ha hecho un esfuerzo por conocer si los casos de violencia doméstica han aumentado en los países europeos como resultado de la pandemia, la información recopilada no permite contar con datos confiables sobre violencia doméstica, y además, debido a las diferencias en la recopilación de los datos, la información no siempre es comparable entre países. Por otro lado, las panelistas señalaron que las estadísticas con las que se cuenta, en la mayoría de los casos, no están desagregadas por interseccionalidad, como estado económico, diferencias étnicas y raciales, para comprender si se está protegiendo a las mujeres más vulnerables y en especial a las mujeres mayores, afrodescendientes, indígenas, a las mujeres privadas de la libertad, a las migrantes, a las mujeres con discapacidad y a la población LGBTI. Estas poblaciones, que bajo situaciones “normales” ya se encuentran en situación de vulnerabilidad, durante la pandemia enfrentan mayores dificultades.

Dubravka Simonovic afirmó que no se cuenta con suficiente información para saber si los Estados disponen de albergues, refugios, y qué están haciendo para atender la situación. Sin embargo, de la información recibida, se percibe un incremento en indicadores de violencia doméstica. En esto, las ONGs han sido claves, ya que algunas han presentado reportes en donde se evidencia un aumento significativo en la violencia contra las mujeres. Al final del año, cuando los Estados recopilen y entreguen datos, se podrá saber con mayor claridad cuál es la situación y cómo esta situación evolucionó a partir de las cuarentenas decretadas.

La preocupación de los Estados ha sido en cómo manejar la pandemia, en términos generales, sin prestar atención a lo que pasa con las mujeres. Sin embargo, nunca había sido tan necesario pensar en soluciones innovadoras de forma conjunta para mantener a las mujeres y niñas lejos de la violencia. Aunque se vive una situación de excepcionalidad, es importante que los Estados comprendan que incluso en la pandemia, los tratados internacionales continúan vigentes; los derechos humanos, durante la pandemia, no están suspendidos. En este sentido, deben mantenerse las medidas de prevención contra la violencia doméstica. En este momento de crisis, es importante ver cómo los Estados están aplicando las reglas en materia de derechos humanos y qué puede hacerse en el futuro en situaciones de este tipo.

Considerando los impactos diferenciados, se realizaron algunas recomendaciones:

  • Debe existir, en la nueva normalidad, un compromiso de género con la compra de productos a las mujeres, para que puedan salir de la situación de pobreza que está aumentando con la pandemia;
  • Se requiere contar con datos desagregados sobre el impacto de la pandemia en la vida de las mujeres;
  • Involucrar a las mujeres que trabajan en la prevención de violencia de género, en el diseño de medidas con relación a la Covid, para de esta forma incorporar la perspectiva de género en las políticas. Involucrar también a las organizaciones de la sociedad civil que se dedican a este tema;

Los Estados deben asegurar que no existan más retrocesos en los derechos alcanzados por las mujeres. El papel de las activistas de los derechos humanos, para llamar la atención sobre este punto, es fundamental;

  • Reforzar los espacios seguros a los que pueden acudir las mujeres, como los refugios y albergues, garantizar su financiamiento y contar con nuevos refugios, tanto para las mujeres que viven la violencia dentro de su domicilio, como para las mujeres migrantes;
  • Dotar a los docentes de herramientas para que puedan identificar casos de violencia virtualmente, ya que esa identificación se hacía en las escuelas;
  • Prestar atención a las políticas de educación virtual y su impacto en la socialización de niñas y niños, aspecto fundamental para su comportamiento como adultos;
  • Crear mecanismos para realizar la inspección directa e indirecta de casas donde ya había conocimiento de casos de violencia, con el cuidado para que esta inspección no exacerbe la violencia;
  • Mejorar la forma de denunciar, a través de la tecnología, y flexibilizar los requisitos. Garantizar que en los casos en que se requiera, las mujeres o sus familiares puedan salir de las casas para hacer las denuncias;
  • Involucrar a la sociedad para que puedan ayudar a las mujeres en situación de violencia. Es importante difundir información con recomendaciones sobre cómo reaccionar en situaciones de violencia, como por ejemplo, qué hacer si escuchan gritos que les llamen la atención;
  • Con respecto a los derechos sexuales y reproductivos, garantizar que las mujeres puedan contar con acceso a métodos anticonceptivos, y que se garanticen los partos en condiciones de seguridad;
  • Garantizar las condiciones de seguridad de las profesionales de la salud;
  • Por parte de los Estados, se recomienda rendir cuentas, recopilar información y hacerla transparente;
  • Mantener los servicios que son igualmente importantes para las mujeres, y que durante la pandemia no están siendo priorizados, como los divorcios y las pensiones alimenticias;
  • Estudiar medidas alternativas de prisión para mujeres con especial vulnerabilidad, que tienen hijos menores, o que no hayan cometido delitos graves;
  • Recopilar información sobre lo que está ocurriendo durante la pandemia con relación a la violencia contra las mujeres y niñas, para diseñar acciones para la post pandemia.